30 Diciembre 2020

Estamos por terminar un año, considerado por algunos  como perdido debido a la realidad que estamos viviendo llena de incertidumbre, al  saber que no terminará tan pronto como se pensaba al inicio y que nos puede llevar a tener una actitud pesimista de la vida, debido a las carencias vividas, e incluso a creer que Dios se ha olvidado de nosotros.

Una situación así nos deberá ayudar a no pensar solamente en nosotros mismos sino también en aquellas personas que no solo viven así por un determinado tiempo, sino es su vida de todos los días, como los que a causa de una enfermedad llevan tiempo sin salir de casa, aquellos que no tienen un trabajo o tienen que laborar en situaciones incluso muy parecidas a la esclavitud y reciben un salario que no les alcanza ni para sus necesidades más básicas, aquellos que tienen que quedarse en casa,  para no poner en riesgo la vida a causa de la violencia o de la guerra…

Situaciones como la que estamos viviendo nos deberían a ayudar a ser más solidarios, más humanos y preocuparnos de lo que verdaderamente es importante en la vida, pues muchas veces codiciar lo que tienen los demás, no nos permite valorar lo bueno que es Dios con nosotros.

Deberíamos reflexionar y estar contentos mientras tengamos vestido y comida.

Ahora que ya se acerca la navidad, deberíamos seguir el ejemplo de Jesús al nacer en Belén, que siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza. Sabiendo que nuestro Dios ha querido poner su casa en medio de nosotros, para que cuando vengan esos momentos de dudas, de desánimo, de oscuridad. El también hará brillar su estrella como hizo con los reyes magos que al verla se llenaron de inmensa alegría y volvieron a encontrar el camino. (Padre Juan Juárez s.x.)

 

Q. Lucero García Acosta